Domingo, 13 Diciembre 2015 00:00

Entrevista con Javier Payeras

¿Cómo y por qué entraste al mundo de la literatura?

Las mismas razones que me hicieron entrar a la literatura, son las que me mantienen en ella. Darle un significado a mi vida, buscándome un canal para expresarme creativamente de la mejor forma que puedo, es decir, con palabras.

¿Cómo describirías tu obra?

Como literatura para este siglo. Como un intento para darle un comienzo a una nueva época.

¿Cuál es la diferencia entre escribir novela, poesía, ensayo?

La concisión, el lector, la dimensión del texto. Un poema dice mucho en poco. La narrativa muestra a través de situaciones distintas maneras de abordar un tema o una idea. El ensayo es ir directamente a exponer un tema. Pero todo, todo, absolutamente todo el arte literario o de cualquier tipo que valga, contiene necesariamente poesía.

¿Cómo ves la literatura guatemalteca y latinoamericana de hoy?

Se da algo inédito: es diversa. De forma incipiente va revelándose talentos que enuncian distintas hablas. Quizá se rompen prejuicios y tradiciones literarias. Estamos abriéndonos a un diálogo con el mundo.

¿Qué podés decirnos del apoyo del Estado guatemalteco al arte?

Las instituciones culturales estatales son demasiado frágiles frente a la avalancha politiquera que, desde aparatos completamente desatendidos del tema como lo es el Congreso de la República, se lanza contra cualquier intención por sacar adelante a los nuevos públicos y apoyos para el arte.

¿Cómo ves Guatemala desde el punto de vista económico, político, social y cultural? ¿Crees que la situación ha mejorado o empeorado en los últimos 10 años?

Nunca ha estado bien. Vivimos en un país donde sólo sabemos administrar la crisis. Una crisis interminable.

¿Cómo influye esta realidad de Guatemala en tu trabajo como escritor?

Alguna vez escribí acerca de ello. Vivir en Guatemala es vivir en el cuarto de la sirvienta. El descuido y el abandono se deben a que de este país sólo importa a las élites económicas y a sus mayordomos políticos la posibilidad de drenar de sus recursos y de su mano de obra.

¿Qué cambios crees que son ineludibles y urgentes en la Guatemala de hoy?

Exigir una ética. Suena utópico, pero sí es posible un capitalismo ético.

¿Crees que el arte puede contribuir a esos cambios? ¿Cómo?

La cultura es convergencia. La cultura genera símbolos que nos pertenecen a todos. Nos da un rostro. Nos hace pensar, creer, despertar...

¿Qué opinás del sindicalismo como movimiento?

El trabajador en Guatemala no se da cuenta del poder que tiene. Mientras el trabajador se sienta invisible lo seguirá siendo. El sindicalismo se fundamenta en la unidad y la unidad es la vía para salir de esa invisibilidad. Hacerse ver es cobrar dignidad.

Cada vez vemos menos jóvenes en las organizaciones sindicales ¿A qué crees que se debe esto?

Es un asunto cultural: decir clase trabajadora, en una sociedad tan aspiracional y tan ignorante, es un motivo de vergüenza. Pensemos que todos los gobiernos que hemos tenido han ofrecido fuentes de trabajo, pero ninguno ofrece riqueza. Así que, el consuelo es un buen salario a cambio de mantener intactos los tumores que destruyen el sistema.